domingo, 4 de marzo de 2012

Duatlón Valdemorillo 04/03/2012

Este domingo he disfrutado de mi primera experiencia en esta disciplina deportiva…

He participado junto con un gran amigo, Antonio… claro, que no me ha salido gratis… el hecho de que me haya acompañado, se ha traducido en que yo le tengo que acompañar a “los 10000 del soplao”… creo que no soy buen negociador…

Durante la semana no me sentía especialmente motivado para la prueba, lo cierto es que los problemas con mis bíceps femorales no me han permitido correr y eso mina la moral…

Llegó el día anterior a la prueba y allí estaba yo… concentrado… sí, pero en beber unos magníficos “reservas” de Rioja… es lo que tienen las cenas con los amigos…

Sí, soy débil… fui a la cena pensando, “nada Luis Miguel, agua para hidratarte bien y una cena ligera”, pero como digo soy débil y el agua se convirtió en unas cuantas copas de vino y la cena ligera, en un atracón de una comida, tan deliciosa que ni el Bulli… eso es lo que pasa cuando durante la semana no comes más que: pollo cocido, pavo cocido, arroz hervido y otras cosas tan ¿“sabrosas”? como esas… y no, no es para adelgazar, sino para engordar… ya, ya… cada uno llora por lo que no tiene, ¿vale?…

Bueno, al lío… llega el día de la prueba, me despierto con ganas de disfrutar de una buena mañana de domingo. Mientras la persiana se levanta veo que al sol le cuesta salir… de todas formas es pronto, seguro que más tarde luce con fuerza.

Desayuno de campeones: muesli, zumito de naranja, un par de plátanos… estoy listo para empezar a preparar todo lo necesario, una térmica para el frío, las zapatillas para correr, las de la bici, el mono de triatlón…

Cojo la bici, un poco sucia de mi última salida, pero me digo, es Valdemorillo, hay agua y barro, seguro… La cargo en el portabicis y después de repasar mentalmente todo lo necesario… alguno ya sabéis que mi memoria no está entre los escasos dones de los que la naturaleza me ha provisto, me encamino hacia Valdemorillo.

Llego pronto, a eso de las nueve y media, el lugar es el campo de futbol, a las afueras del pueblo… buena organización… policía local dirigiendo el tráfico y organizando el aparcamiento de los coches, carpas para la entrega rápida de dorsales y una pequeña reunión informativa, para los novatos como yo…

Bueno, estoy listo… es la primera vez que corro con un mono de triatlón y voy más apretado que los tornillos de un submarino, siento un poco de vergüenza y recuerdo un consejo ciertamente estúpido de las películas de la tele: “para quitarte la vergüenza, imagina que todo el mundo va desnudo…” ¡VALE, ESO NO ME AYUDA!” os acordáis que comenté que la memoria no es uno de mis mejores cualidades, bueno, pues os puedo asegurar que la imaginación sí lo es, ¡Dios…!

Después de quitarme esas visiones de la cabeza, comienzo a calentar por los alrededores… el entorno es fantástico, la dehesa de Valdemorillo, encinas por doquier… unas vistas espectaculares… utilizo el recorrido oficial para una primera toma de contacto y veo una pendiente de la muerte, que en el segundo tramo de carrera habrá que ascender… bueno, ya nos preocuparemos de eso cuando llegue…

Las once y media y sin darme cuenta, pistoletazo de salida… empiezan las chicas y tremendo ambiente, como el recorrido incluye vuelta y media a la pista de atletismo, hacemos un pasillo para animar a las valientes… ¡qué espectáculo!…

Ahora sí, empieza la competición… comienzo por el lateral exterior… es mi primer duatlón y voy a experimentar sensaciones, nada más… ante mí, dos vueltas a un circuito de dos kilómetros y medio.

El primer kilómetro lo hago relativamente bien: cuatro cuarenta, el terreno es irregular, pero los tobillos y las rodillas aguantan bien… aprovecho las cuestas abajo, para dejarme ir y avanzar unos metros extras… las cuestas arriba son otro cantar. Como siempre me da poco tiempo a disfrutar de las vistas, voy concentrado en no pisar ningún pedrusco ni en llevarme una rama de encina.

Termino la primera vuelta y no me encuentro mal, afronto la segunda con ganas y sólo cuando llego a la última cuesta, antes de la transición a la bici, me doy cuenta de cuánto más tengo que entrenar… borro esos pensamientos y aprieto los dientes… ya estoy corriendo por el césped artificial del campo de futbol, donde están dispuestos los boxes… me pongo el casco, lo abrocho con las manos temblorosas del esfuerzo, me quito las zapatillas y me pongo las automáticas, casco, guantes y mochila con todo lo necesario para arreglar posibles pinchazos… con todo esto pierdes un tiempo precioso, habrá que ver cómo lo resuelvo en próximas ediciones…

Salgo corriendo con las zapatillas de la bici y es una sensación extraña… llego a la zona donde me puedo montar y con cierto peligro para mi hombría, salto sobre el sillín… vale… otra cosa que tendré que practicar…

Parece que me han puesto una guindilla, salgo “endemoniao” y en pocos metros logro adelantar a varios participantes… sin duda este es el segmento en el que estoy mejor, lo noto… el recorrido… bonito, con bajadas rápidas y subidas cortas, pero relativamente durillas… van pasando los kilómetros y me obligo a beber, lo de la hidratación no lo llevo muy bien… incluso atravesamos dos pequeños riachuelos, uno de ellos con una pendiente de salida, interesante… Antonio y yo vamos bastante parejos, tanto es así, que entro unos segundos antes que él en zona de boxes, para la última transición… pero entre que me quito guantes, mochila, me pongo las zapatillas, él sale antes que yo…

De repente, lo siento… ¡Dios!... ¿Esto es la segunda transición? Noto como me voy hundiendo en el tartán de la pista de atletismo, los primeros cincuenta metros son criminales, no sólo eso, sino que mi gemelo derecho me pega un aviso y parece que se va montar… consigo mantener el tipo y enfoco la salida a campo abierto respirando todo el aire que puedo, y hacedme caso, trato de respirarlo TODO… voy tocado, pero me habían avisado que la última transición es la más dura, así que no hago mucho caso a mi cuerpo y sigo adelante, sólo quedan dos kilómetros y medio.

En este tramo me han adelantado algunos corredores, pero yo también he hecho lo propio con otros… sin darme cuenta llego a la cuesta de la muerte y parce que mi zancada no da más de sí… parece mentira con la altura que tengo, los pies apenas se separaban uno de otro… ¡increíble!...

A lo lejos ya puedo escuchar la música de la organización… ¡Luismi, ya queda poco!... me repito una y otra vez, como para conjurar las malas ideas de bajar el ritmo…
Sólo me quedan unos cincuenta metros y aprieto la zancada como queriendo arañar los últimos segundos… de repente veo que en meta hay un fotógrafo y me sorprende descubrir que mientras esprinto estoy ¿posando?

Sí, compañeros, no os lo creeréis, pero me he erguido y he borrado esa cara de sufrimiento… las fotos son para la eternidad, hay que estar presentable ¡jajaja!...

Todo en una hora y veinte minutos y yo más contento que unas castañuelas, que buen recuerdo voy a tener…

Tras este esfuerzo, bien nos merecemos una recompensa… Así que, ni cortos ni perezosos nos vamos a “Anca Nino”… Ya sabéis, carnaza en abundancia… esta vez sin esperas, llegar y besar el santo…

¡Qué buena mañana de domingo!

P.D.: cosas a tener en cuenta para próximos duatlones… correr con los guantes de la bici puestos, cordones elásticos en las zapatillas y una cinta para llevar el dorsal a la cintura… ¡Ah, se me olvidaba! Si llevas térmica, por debajo del mono, no sabes la que hay que armar, para ir a mear… un show…

3 comentarios:

  1. Luismi, enhorabuena por tu primer duatlón, y por la crónica. Muy, muy buena!!!

    Pero todo esto sin fotos… NO SIRVE!!!! Queremos fotos!!!

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  2. Me alegro que disfrutases mucho de tanto sufrimiento. Palabras mayores.

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  3. Cuidado hermano que esto engancha. ¡¡ Felicidades crack !!.

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