He
participado junto con un gran amigo, Antonio… claro, que no me ha salido gratis…
el hecho de que me haya acompañado, se ha traducido en que yo le tengo que
acompañar a “los 10000 del soplao”… creo que no soy buen negociador…
Durante
la semana no me sentía especialmente motivado para la prueba, lo cierto es que los
problemas con mis bíceps femorales no me han permitido correr y eso mina la
moral…
Llegó
el día anterior a la prueba y allí estaba yo… concentrado… sí, pero en beber
unos magníficos “reservas” de Rioja… es lo que tienen las cenas con los amigos…
Sí,
soy débil… fui a la cena pensando, “nada Luis Miguel, agua para hidratarte bien
y una cena ligera”, pero como digo soy débil y el agua se convirtió en unas
cuantas copas de vino y la cena ligera, en un atracón de una comida, tan
deliciosa que ni el Bulli… eso es lo que pasa cuando durante la semana no comes
más que: pollo cocido, pavo cocido, arroz hervido y otras cosas tan ¿“sabrosas”?
como esas… y no, no es para adelgazar, sino para engordar… ya, ya… cada uno
llora por lo que no tiene, ¿vale?…
Bueno, al lío… llega el día de la prueba, me despierto con ganas de disfrutar de una buena mañana de domingo. Mientras la persiana se levanta veo que al sol le cuesta salir… de todas formas es pronto, seguro que más tarde luce con fuerza.
Bueno, al lío… llega el día de la prueba, me despierto con ganas de disfrutar de una buena mañana de domingo. Mientras la persiana se levanta veo que al sol le cuesta salir… de todas formas es pronto, seguro que más tarde luce con fuerza.
Desayuno
de campeones: muesli, zumito de naranja, un par de plátanos… estoy listo para
empezar a preparar todo lo necesario, una térmica para el frío, las zapatillas
para correr, las de la bici, el mono de triatlón…
Cojo
la bici, un poco sucia de mi última salida, pero me digo, es Valdemorillo, hay
agua y barro, seguro… La cargo en el portabicis y después de repasar
mentalmente todo lo necesario… alguno ya sabéis que mi memoria no está entre
los escasos dones de los que la naturaleza me ha provisto, me encamino hacia
Valdemorillo.
Llego
pronto, a eso de las nueve y media, el lugar es el campo de futbol, a las afueras
del pueblo… buena organización… policía local dirigiendo el tráfico y
organizando el aparcamiento de los coches, carpas para la entrega rápida de
dorsales y una pequeña reunión informativa, para los novatos como yo…
Bueno,
estoy listo… es la primera vez que corro con un mono de triatlón y voy más
apretado que los tornillos de un submarino, siento un poco de vergüenza y
recuerdo un consejo ciertamente estúpido de las películas de la tele: “para
quitarte la vergüenza, imagina que todo el mundo va desnudo…” ¡VALE, ESO NO ME
AYUDA!” os acordáis que comenté que la memoria no es uno de mis mejores cualidades,
bueno, pues os puedo asegurar que la imaginación sí lo es, ¡Dios…!
Después
de quitarme esas visiones de la cabeza, comienzo a calentar por los alrededores…
el entorno es fantástico, la dehesa de Valdemorillo, encinas por doquier… unas
vistas espectaculares… utilizo el recorrido oficial para una primera toma de
contacto y veo una pendiente de la muerte, que en el segundo tramo de carrera
habrá que ascender… bueno, ya nos preocuparemos de eso cuando llegue…
Las
once y media y sin darme cuenta, pistoletazo de salida… empiezan las chicas y tremendo
ambiente, como el recorrido incluye vuelta y media a la pista de atletismo,
hacemos un pasillo para animar a las valientes… ¡qué espectáculo!…
Ahora
sí, empieza la competición… comienzo por el lateral exterior… es mi primer
duatlón y voy a experimentar sensaciones, nada más… ante mí, dos vueltas a un
circuito de dos kilómetros y medio.
El
primer kilómetro lo hago relativamente bien: cuatro cuarenta, el terreno es
irregular, pero los tobillos y las rodillas aguantan bien… aprovecho las
cuestas abajo, para dejarme ir y avanzar unos metros extras… las cuestas arriba
son otro cantar. Como siempre me da poco tiempo a disfrutar de las vistas, voy
concentrado en no pisar ningún pedrusco ni en llevarme una rama de encina.
Termino
la primera vuelta y no me encuentro mal, afronto la segunda con ganas y sólo
cuando llego a la última cuesta, antes de la transición a la bici, me doy
cuenta de cuánto más tengo que entrenar… borro esos pensamientos y aprieto los
dientes… ya estoy corriendo por el césped artificial del campo de futbol, donde
están dispuestos los boxes… me pongo el casco, lo abrocho con las manos temblorosas
del esfuerzo, me quito las zapatillas y me pongo las automáticas, casco,
guantes y mochila con todo lo necesario para arreglar posibles pinchazos… con
todo esto pierdes un tiempo precioso, habrá que ver cómo lo resuelvo en
próximas ediciones…
Salgo
corriendo con las zapatillas de la bici y es una sensación extraña… llego a la
zona donde me puedo montar y con cierto peligro para mi hombría, salto sobre el
sillín… vale… otra cosa que tendré que practicar…
Parece
que me han puesto una guindilla, salgo “endemoniao” y en pocos metros logro
adelantar a varios participantes… sin duda este es el segmento en el que estoy
mejor, lo noto… el recorrido… bonito, con bajadas rápidas y subidas cortas,
pero relativamente durillas… van pasando los kilómetros y me obligo a beber, lo
de la hidratación no lo llevo muy bien… incluso atravesamos dos pequeños
riachuelos, uno de ellos con una pendiente de salida, interesante… Antonio y yo
vamos bastante parejos, tanto es así, que entro unos segundos antes que él en
zona de boxes, para la última transición… pero entre que me quito guantes,
mochila, me pongo las zapatillas, él sale antes que yo…
De
repente, lo siento… ¡Dios!... ¿Esto es la segunda transición? Noto como me voy
hundiendo en el tartán de la pista de atletismo, los primeros cincuenta metros
son criminales, no sólo eso, sino que mi gemelo derecho me pega un aviso y
parece que se va montar… consigo mantener el tipo y enfoco la salida a campo
abierto respirando todo el aire que puedo, y hacedme caso, trato de respirarlo
TODO… voy tocado, pero me habían avisado que la última transición es la más
dura, así que no hago mucho caso a mi cuerpo y sigo adelante, sólo quedan dos
kilómetros y medio.
En
este tramo me han adelantado algunos corredores, pero yo también he hecho lo
propio con otros… sin darme cuenta llego a la cuesta de la muerte y parce que
mi zancada no da más de sí… parece mentira con la altura que tengo, los pies
apenas se separaban uno de otro… ¡increíble!...
A
lo lejos ya puedo escuchar la música de la organización… ¡Luismi, ya queda poco!...
me repito una y otra vez, como para conjurar las malas ideas de bajar el ritmo…
Sólo
me quedan unos cincuenta metros y aprieto la zancada como queriendo arañar los
últimos segundos… de repente veo que en meta hay un fotógrafo y me sorprende
descubrir que mientras esprinto estoy ¿posando?
Sí,
compañeros, no os lo creeréis, pero me he erguido y he borrado esa cara de
sufrimiento… las fotos son para la eternidad, hay que estar presentable ¡jajaja!...
Todo
en una hora y veinte minutos y yo más contento que unas castañuelas, que buen recuerdo
voy a tener…
Tras
este esfuerzo, bien nos merecemos una recompensa… Así que, ni cortos ni
perezosos nos vamos a “Anca Nino”… Ya sabéis, carnaza en abundancia… esta vez
sin esperas, llegar y besar el santo…
¡Qué
buena mañana de domingo!
P.D.:
cosas a tener en cuenta para próximos duatlones… correr con los guantes de la
bici puestos, cordones elásticos en las zapatillas y una cinta para llevar el
dorsal a la cintura… ¡Ah, se me olvidaba! Si llevas térmica, por debajo del
mono, no sabes la que hay que armar, para ir a mear… un show…
Luismi, enhorabuena por tu primer duatlón, y por la crónica. Muy, muy buena!!!
ResponderEliminarPero todo esto sin fotos… NO SIRVE!!!! Queremos fotos!!!
Me alegro que disfrutases mucho de tanto sufrimiento. Palabras mayores.
ResponderEliminarCuidado hermano que esto engancha. ¡¡ Felicidades crack !!.
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